#80
(Los viejos nos recibieron con desconfianza pero tras algo de discusión nos dejaron entrar. Luego nos llevaron hasta el patio de la casa, donde estaban sus tesoros, como los llamaban.
—¿Estelas de madera?
—Recién hechas. Apenas ayer.
—¿Y en qué sentido son un tesoro?
—Lo que cuenta no es la madera sino la información.
Cada vez que una estela se desgastaba, copiaban en otra el patrón de puntos, rayas y símbolos.
—Ésta, por ejemplo, tiene la historia de todos los que llegan a ver las estelas entre 1946 y 2077.
—Completa —agregó otro de los viejos.
Pasamos más de un mes en la casa, que da la espalda al desierto, aprendiendo ese idioma extraño y densísimo de la escritura en las estelas, y en el que cada símbolo se desdobla y se convierte en muchos, más claros mientras más sutiles. La primera estela que me enseñaron tenía, en efecto, mi nombre en la región correspondiente al año 2012, en la forma de tres círculos contiguos que casi parecían iguales. Notando las diferencias entre cada uno se notaban los detalles de los bordes, que me describían (“cuerpo de flaco, rala barba negra”, etc., casi con las mismas palabras que se escucharon en el caso del editor que vio la luz), y al ver el modo en el que esos detalles –ángulos de color, pasos de un tono a otro– se difuminaban en el fondo, sugerían más y más detalles, perfectamente claros, de mi biografía, incluyendo sucesos que estaban todavía del futuro. Cuando empecé a leer de un edificio inmenso del que aún no sabía nada, no quise continuar. Pero no alcancé a no ver una pequeña nota en la que se hablaba de mi visita a los viejos y sus estelas de escritura mágica, y se decía que tras ella cerraría mi cuaderno por un tiempo y mandaría mis mensajes al exterior por otros medios:
—¿Notas brevísimas de murciélago mensajero? —pregunté a uno de los viejos, al no poder descifrar del todo una astilla ínfima en la madera coloreada.
—No —me respondió—, pero mejor cierra ya ese cuaderno.
Así lo hago, por el momento. Los signos vagos o inescrutables son siempre, desde luego, los más ominosos. Sé que vendrán al menos otras ochenta entregas en esta bitácora, pues eso decía también la estela, pero entretanto los compañeros exploradores y curiosos me podrán leer aquí.)
¿Se despide Horacio kustos?: